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"Es que mi negocio no tiene nada especial que contar"

Es la frase que más se repite cuando un comercio se plantea su primera colaboración. Y viene de un sitio comprensible: cuando llevas años haciendo lo mismo cada día, deja de parecerte interesante.

El problema es que lo que a ti te resulta rutinario es exactamente lo que a otra persona le resulta nuevo.

Lo que sueles pasar por alto

El proceso. Cómo se hace lo que vendes, cuánto tarda, qué parte es a mano. Lo has visto mil veces; casi nadie más lo ha visto una.

El criterio de compra. Por qué eliges ese proveedor y no el barato, qué descartas y por qué. Ahí hay más contenido del que parece, y además explica tu precio sin tener que justificarlo.

Las preguntas repetidas. Si diez clientes al mes te preguntan lo mismo, eso es contenido pedido a gritos. Nadie lo sabe explicar mejor que tú.

Los errores. Lo que ya no haces porque salió mal, la temporada que te equivocaste al pedir. Contar eso genera más confianza que cualquier mensaje de "somos los mejores".

Lo que no necesitas

No necesitas un local bonito, ni un producto fotogénico, ni una historia de superación. Una gestoría, una ferretería o un taller tienen exactamente el mismo material que una pastelería: alguien que sabe algo que los demás no sabemos.

Lo práctico

Antes de una colaboración, escribe cinco cosas que sepas y que un cliente nuevo desconozca. No lo pienses mucho ni intentes que suenen bien. Esa lista, tal cual, es más útil para quien va a crear el contenido que cualquier resumen de marca.

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